Publicado en Historia de la Tierra y de la vida

Tarea 3.1 Búsqueda y descripción

Los ciclos de Milankovitch (1)

El clima de la Tierra está gobernado por varios factores, siendo los más importantes: la insolación o cantidad de radiación que nos llega, los gases invernaderos y, por último, el albedo, que es la fracción de la radiación que se refleja y se devuelve al espacio exterior. En opinión de los científicos, las variaciones en la insolación son las responsables de los cambios climáticos ocurridos en los últimos cientos de miles de años, incluidas las glaciaciones. A su vez, estas variaciones pueden ser consecuencia del bamboleo que sufre la órbita de la Tierra a lo largo de miles de años.

Estos cambios periódicos en la órbita de la Tierra son conocidos como los Ciclos de Milankovitch, por ser el científico serbio Milutin Milankovitch el primero en relacionar los cambios en la órbita con los cambios en el clima. Hay tres tipos de variaciones en la órbita de la Tierra:

  1. Excentricidad (Forma de la órbita). La órbita terrestre no es circular sino ligeramente elíptica, por lo que la distancia de la Tierra al Sol varía a lo largo del año. Esto hace que la cantidad de insolación también varíe, aunque en un porcentaje muy pequeño. Pero esta excentricidad no es fija sino que en periodos de 100.000 y 400.000 años pasa de ser casi circular a ser una suave elipse.
  2. Inclinación axial (Oblicuidad). En la actualidad el eje de la Tierra gira alrededor del Sol con una inclinación de 23,5 grados. Esto da lugar a que a lo largo del año los hemisferios se turnen en inclinarse hacia el Sol o en alejarse de él, dando lugar a las estaciones. Esta inclinación también cambia con el tiempo, oscilando entre 22,1 y 24,5 grados. A mayor ángulo, mayores diferencias entre las temperaturas de verano e invierno. El periodo entre la mínima y la máxima inclinación, y volver a la mínima, es de 41.000 años. En este momento se encuentra en un punto intermedio y dentro de 20.000 años alcanzará el punto de menor inclinación.

3. Precesión axial. La dirección del eje de rotación también varía con respecto a las estrellas a lo largo del tiempo, de forma similar a como lo hace una peonza. En un ciclo de 20.000 años, el polo norte pasa de apuntar hacia la estrella polar, como en la actualidad, a apuntar hacia la estrella Vega. Esto hace que varíe el momento en que suceden las estaciones con respecto a la distancia al Sol. De NASA, Mysid – Vectorized by Mysid in Inkscape after a NASA Earth Observatory image in Milutin Milankovitch Precession., Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=3993432

Ver referencia (1) en Bibliografía

Como vemos, estos tres ciclos tienen periodos diferentes, y han dado lugar a cambios climáticos que han quedado registrados en los sedimentos y en el hielo. Por ejemplo, el periodo de excentricidad de 100.000 años ha determinado el ritmo de las glaciaciones. Los geólogos también han encontrado evidencias de estos ciclos en rocas de cientos de millones de años.

En cuanto a la forma en que estos ciclos afectan al clima, el hecho es que no tienen mucho impacto en la insolación total que recibe la Tierra. En realidad lo que varía son los momentos en que cada parte de la Tierra recibe más o menos insolación; además, los efectos de los ciclos pueden sumarse o neutralizarse, aumentando o disminuyendo las variaciones en la insolación.

Efecto de la Luna sobre el clima

Hemos visto que el clima de la Tierra está influido por los cambios que nuestro planeta experimenta en su desplazamiento por el espacio. Pero a nivel astronómico hay unos cuantos factores más que le afectan de forma directa. Sin duda, uno es la actividad solar, ya que de ella depende la cantidad de energía que nos llega. Sin embargo, lo que no está tan claro es la influencia de la Luna en el clima.

By Rfassbind – Own work, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=42565168

La órbita de la Luna presenta unas variaciones similares a las que acabamos de ver de la Tierra: excentricidad variable, ángulo con respecto a la eclíptica variable, etc., y, por tanto, también varía la distancia a la Tierra. Sin embargo, su efecto sobre el tiempo atmosférico o el clima es muy débil. Lo mismo ocurre con la radiación solar reflejada por la superficie lunar. El único mecanismo por el que sí que parece que influye la Luna en el clima es modificando las corrientes oceánicas que redistribuyen el calor de unas zonas a otras del planeta, a través de la modulación de las mareas. En la práctica resulta muy difícil distinguir entre anomalías en la emisión de calor solar, la influencia de las mareas lunares y otros efectos (2).

De hecho, sí hay algunos estudios recientes (3) que sugieren la posibilidad de que la Luna tenga efectos directos en el aumento de precipitaciones. En momentos determinados, cuando aumenta la atracción gravitatoria de la Luna, provoca un aumento de presión atmosférica, lo que, a su vez, eleva la temperatura, y como el aire húmedo es capaz de acumular más agua, aumenta la probabilidad de lluvia. Pero son variaciones imperceptibles, que únicamente pueden ser útiles en predicciones a largo plazo, donde al coincidir varios factores, se pueden dar fenómenos meteorológicos extremos.

Bibliografía

(1) VV.AA. Sustainability: A Comprehensive Foundation (2012) Rice University, Houston, Texas.

(2) Camuffo, D. Lunar influences on climate. (2001) Earth, Moon and Planets 85-86: 99-113.

(3) Kohyama, T., Wallace, J.M. Lunar gravitational atmospheric tide, surface to 50 km in a global, gridded data set (2014) Geophysical Research Letters.