Publicado en Introducción a la Microbiología

Ejercicio 1: El nombre y el género de los microbios

Cuando hablamos de microbios o microorganismos, estamos hablando de organismos que, por su pequeño tamaño, no podemos verlos a simple vista. Es decir, que para observarlos debemos echar mano del microscopio, bien sea del óptico para una gran parte de ellos, o bien del electrónico para los más pequeños.

Pero esta definición que hacemos desde un punto de vista humano, basado únicamente en nuestras capacidades sensoriales, es demasiado generalista, ya que engloba una gran variedad de organismos muy distintos entre ellos en forma, fisiología, hábitat, papel en el ecosistema, relaciones con otros organismos, etc.

Aunque están en el límite entre lo vivo y lo no vivo, a los virus se les incluye entre los microbios. Sus componentes moleculares son muy sencillos y no pueden realizar las funciones básicas vitales: respiración, nutrición y reproducción, únicamente son capaces de reproducirse cuando infectan una célula, por tanto, son parásitos estrictos.

El resto de los microorganismos son unicelulares, es decir, están compuestos por una sola célula. Hay dos tipos de estructuras celulares, una muy sencilla, la procariota, que es el tipo de célula de las bacterias y las arqueas, y que son los primeros seres vivos que habitaron la Tierra. El otro son las células eucariotas, con estructuras y metabolismos más complejos, y tamaños más grandes. Entre ellos, los más sencillos son los protistas, presentes en hábitats acuosos o con mucha humedad; quizás sus representantes más conocidos son las amebas y los paramecios. Y el último tipo de microorganismo pertenece al reino de los hongos: las levaduras, los únicos hongos unicelulares.

La taxonomía se ha encargado de ordenar los seres vivos, primero agrupándolos en función de sus características, y posteriormente, de su origen evolutivo. Para su denominación se utiliza un sistema binomial, donde la primera palabra designa al género, es decir, a un grupo de especies que comparten ciertas características, y la segunda es exclusiva de la especie. Estos nombres científicos siempre deben escribirse en cursiva, por ejemplo, Escherichia coli, la bacteria más famosa de nuestro intestino, también conocida por su abreviatura E. coli. En un texto, la primera vez que escribamos el nombre deberemos escribir el nombre completo y posteriormente podremos escribir la abreviatura, siempre que no haya posibilidad de confusión con otra especie.

En cuanto al género con el que deben denominarse, vemos que se utiliza tanto el masculino “los estreptococos”, como el femenino “la listeria”. Supongo que esto es debido a la tendencia que hay en castellano a que las palabras terminadas en -a, –d o -z suelen ser femeninas y que las terminadas en -e, -i, -l, -n, -o, -r o –s suelen ser masculinas, aunque existen un buen número de excepciones, como comenta Fernando A. Navarro en este artículo.

Bibliografía