Publicado en Comunicación científica, Cultura científica

Relación entre participación ciudadana y acceso al conocimiento

No siendo éste un campo que en este momento conozca de cerca, tras leer la documentación aportada en este tema, esta es mi visión.

Existe una relación directa entre el acceso al conocimiento de la sociedad y su capacidad para tomar decisiones responsables en los momentos que los sistemas democráticos tienen establecidos. Además, una ciudadanía bien formada e informada podrá realizar mejor el seguimiento a la gestión de los representantes políticos que ha elegido, y premiarles o castigarles cuando llegue el momento de su reelección.

Lo mismo podemos decir en cuanto al acceso al conocimiento científico, especialmente en la coyuntura actual. Por un lado, se está produciendo una revolución científico-tecnológica acelerada, con repercusiones directas en la sociedad, de tal forma que, por ejemplo, en las escasas dos décadas que llevamos de siglo, han cambiado en gran medida las formas de relacionarse. Estos cambios presentan sus luces y sus sombras, como ha sido habitual desde la Revolución Industrial cada vez que los avances científico-tecnológicos han producido cambios sociales. Por otro lado, a nivel global, las consecuencias del modelo de desarrollo económico surgido con la Revolución Industrial, basado en el consumo de recursos naturales finitos y en obviar sus efectos colaterales acumulativos (contaminación y destrucción de ecosistemas, calentamiento global, etc.), hacen pensar a la gran mayoría de expertos que cada vez estamos más cerca del punto de no retorno del cambio climático, situación que puede poner en riesgo, no ya la economía, sino la supervivencia de una parte importante de la población mundial. Aun así, todavía hay amplios sectores de la población que, o consideran que la situación no es tan grave, o directamente niegan que las actividades humanas sean las responsables de dicha situación. Por todo ello, en este momento, cobra especial relevancia el facilitar el acceso al conocimiento científico de todos los sectores de la población, y una buena forma es posibilitar la participación ciudadana en los proyectos de investigación.

Sin embargo, esto que hoy en día podría parecer relativamente sencillo por el uso generalizado de las tecnologías de información y comunicación, como muestran los estudios presentados en la documentación de estos dos temas, apenas ha supuesto un pequeño avance en este campo con respecto a la situación de finales del siglo XX.

En esos mismos textos ya se apuntan los porqués del pequeño impacto de estas tecnologías en la comunicación de la ciencia. El exceso de información general al que nos vemos sometidos diariamente nos dificulta su gestión, y nos lleva a pasar de un titular a otro hasta que encontramos algo que nos llame la atención, bien en el texto, bien en el elemento multimedia que lo acompañe. Una consecuencia de ello es, por ejemplo, la existencia de titulares sensacionalistas que a veces poco tienen que ver con el contenido, pero que logran que hagamos clic en el enlace. Otra es que, al final, acabamos seleccionando los temas que nos interesan y de las fuentes que nos parecen más afines a nuestra ideología, con el peligro que esto conlleva: por un lado, permanecemos ignorantes en todas las cuestiones que no nos interesan, a pesar de que tarde o temprano nos puedan afectar; por otro lado, solo recibimos opiniones que refuerzan nuestra visión del mundo, sin posibilidad de contrastarlas con otros puntos de vista que pueden estar mejor fundamentados o acercarse más a la realidad.

La ya antigua costumbre de hojear un periódico de papel te permite, al llegar a la contraportada, tener una visión global de lo que ocurre en el mundo, y profundizar en los temas más cercanos o que resultan de mayor interés. En este sentido, a nivel personal me preocupa, especialmente, la actitud generalizada entre los estudiantes de bachillerato, de no leer prensa generalista, ni en papel ni en formato digital, con el riesgo que ello conlleva de quedar aislados en un mundo virtual e irreal creado a su conveniencia, tal y como he comentado en el párrafo anterior.

En cuanto a la participación ciudadana en los proyectos de investigación, de acuerdo con los criterios de la nueva investigación e innovación responsable (RRI), entiendo que, salvo en casos concretos, resulta muy difícil implicar a la ciudadanía en general.

Esos casos concretos en los que considero relativamente sencillo comprometer a sectores de la población, son algunos proyectos de investigación aplicada, principalmente en las áreas de biomedicina y salud. Son habituales ya las campañas de sensibilización y recogida de fondos sobre determinados tipos de cáncer o de enfermedades raras, en las que toman parte el Ministerio y/o los departamentos autonómicos de Sanidad, junto con las asociaciones de afectados, y en muchos casos con el apoyo de los medios de comunicación. Resulta fácil para la ciudadanía conectar con el objetivo del proyecto de investigación y, por tanto, decidir dedicar un tiempo a participar en el mismo.

Pero no ocurre lo mismo en la gran mayoría de los proyectos de investigación, sobre todo en los correspondientes a investigación básica, donde el único objetivo a corto plazo es el de aumentar el conocimiento científico. Así, simplificando y poniendo un ejemplo quizás un poco exagerado, resulta difícil implicar a la ciudadanía en un proyecto cuyo objetivo principal es conocer mejor la fisiología de un determinado gusano platelminto. A priori no se conoce cuál puede ser la utilidad de ese conocimiento, por lo que no resulta de interés ciudadano e incluso puede llegar a no entenderse que se gaste dinero en ello. Sin embargo, además del valor que tiene el conocimiento per se, puede ser que, al final de la investigación se haya encontrado un factor de crecimiento que acelere la regeneración de tejidos humanos; o bien un factor de transcripción que neutralice la expresión de un oncogén, o quizás que se descubra la importancia de esta especie como indicador de calidad del ecosistema; incluso, por qué no, que se descubra que se alimenta de un determinado tipo de hongo parásito de otras especies, evitando que se convierta en una plaga…

Por todo ello, y no siendo este un tema cercano para mí, no veo la necesidad de conseguir la participación ciudadana en todos y cada uno de los proyectos de investigación. Me parece más importante fomentar la divulgación de la ciencia de la forma en que se está haciendo en los últimos años, tal y como ya comenté en la tarea de los temas anteriores. En mi opinión, la diversificación de las formas de divulgar ciencia está permitiendo llegar a toda la población, desde la edad escolar hasta la de jubilación, con formas atractivas y amenas, enseñando las bases de lo que es ciencia para que toda persona pueda distinguirla de lo que no lo es.